ADECANA

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En Ezcaray, a 8 de Septiembre del 2012.

LAS TRUCHAS DEL OJA: OTRO DESASTRE AMBIENTAL

Como desde hace años, un grupo de ezcarayenses, muchos de ellos cazadores y pescadores, vienen realizando una encomiable labor, esta vez en el río Oja. El estío y la persistencia de unas condiciones climatológicas muy desfavorables por la escasa pluviometría de este verano, determinan la imposibilidad de mantener un caudal ecológico del río Oja que permita la supervivencia de las poblaciones de nuestras truchas y de otras especies piscícolas. Por eso los ezcarayenses amantes del medio natural, cazadores y pescadores bajo la atenta supervisión y eficaz colaboración de la Guardería Forestal de Ezcaray realizan cada año por estas fechas la captura de miles de ejemplares de “Salmo trutta fario” en los tramos del río Oja que quedan sin agua o aislados y condenados a una muerte segura, mediante el sistema de pesca eléctrica, para su posterior traslado a otros tramos fluviales del Oja que conservan un caudal más estable.

Las inversiones de dinero público y los trabajos ejecutados en los últimos años en el río Oja han sido muy notables. Hablamos de limpiezas y desbroces de cauces, infraestructuras, mantenimiento de los bosques y sotos de galería, escalas piscícolas, señalización de tramos hábiles de pesca, con muerte y sin muerte… reintroducción y repoblaciones reiteradas… Y todos esos esfuerzos costosísimos con la finalidad  -teórica- de asegurar, revitalizar la vida en el río, especialmente la de esa especie autóctona, brava y emblemática que es la Trucha Común, con la diversidad genética que albergan todas las cabeceras de los ríos riojanos,  cuyo prestigio es bien conocido dentro y fuera de nuestro territorio.

El caso es que, durante este verano, según informa José Luis Malvesado, uno de esos anónimos y constantes colaboradores con la Guardería Forestal en esta ingente tarea, ya son más de 10.000 los ejemplares translocados a tramos de distintas cabeceras del río Oja en sus muchos afluentes aguas arriba.
Han sido y serán todavía muchas las jornadas de trabajo y de ilusión por lograr la supervivencia de esos preciados peces. El pasado viernes, 7 de Septiembre y sobre las 9’00 horas y con motivo de otra jornada de “rescate” observamos perplejos que el caudal del río Oja a la altura de –aguas abajo- la EDAR -Estación Depuradora de Aguas Residuales de Ezcaray-, ha desaparecido por completo en muy pocas horas. Al indagar sobre la razón, se constata que no se debe a causas climatológicas o naturales y sí a una extracción “de  prueba”  de la captación de la potabilizadora del agua del río Oja, desconociendo quién es el responsable directo de todo ello.

Esta circunstancia ha provocado la muerte de cientos de truchas, sólo en ese corto tramo del río, signos de muerte que entre zorros, garzas y jabalíes se habrían encargado de ocultar en pocos días y no habría pasado nada como en tantas otras ocasiones habrá sucedido. Del desastre, del que esta vez han sido testigos cualificados los agentes de la Guardería Forestal de Ezcaray, se da conocimiento al Ayuntamiento de Ezcaray, al Guarda de la Confederación Hidrográfica del Ebro, al Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil, en sus responsables del equipo de Ezcaray, con el fin de que se depuren, aunque sea por una vez, las responsabilidades de lo que puede revestir naturaleza de delito ecológico.

Con independencia de todo ello, la decepción, la rabia y la infinita tristeza del espectáculo de muerte en nuestro río, la infructuosidad del abnegado trabajo realizado, se va al garete (ante la estupefacta mirada de los Agentes Forestales y de su comprometida actuación y de los Cazadores y Pescadores de Ezcaray)  por la negligencia de algún irresponsable que se permite jugar, una vez más, con nuestro río Oja, cometiendo la tropelía que seguramente nadie pagará y por la que nadie responderá.
Bien sabemos los amantes del medio natural del sumidero que constituyen nuestros ríos, cloacas y juguetes del primero que llega, amparado por la garantía o patente de corso plasmada en los permisos, licencias y trámites normativos, que una vez cumplidos, permiten que las posibles consecuencias acaben pasando a un segundo plano.

Está muy bien multiplicar las normas sobre las escasas actividades de disfrute de los ríos como es la pesca, poner escalas para peces en tramos que se secan año tras año, planificar, estimar poblaciones, denunciar y  legislar desde los diferentes estamentos sobre la misma materia y sobre el único parámetro controlable de la naturaleza que es el pescador de a pie, examinar a quienes quieran acceder al río por primera vez sin saber aún si una actividad tan tradicional como la pesca deportiva les puede llegar a gustar,  pues no hay otra forma de obtener una licencia de pesca por primera vez, produciéndose una criba o selección natural que se traduce en el drástico descenso de licencias de pesca en La Rioja a lo largo de los últimos cuatro años (con un descenso del 18% de licencias entre el 2009 y el 2011, descendiendo de 12.040 a 9.899 los pescadores de la Rioja gracias al desinterés de la administración).

Una vez conseguido el objetivo de expulsar a golpe de tasas, normas y exámenes a los pocos interesados en mantener viva la pesca de nuestra Comunidad, “molestos testigos” del día a día de lo que sucede en los ríos, lo que menos interesa son las consecuencias de actuaciones o negligencias como las descritas, que caerán en el olvido al amparo de la normativa y  su cumplimiento frente a una Administración cada día más alejada de la realidad y las necesidades de la fauna que habita  los cursos de agua de La Rioja.

La pesca y quienes la practican ya no son una actividad a promover, sino una “carga” que supone un obstáculo para el “desarrollo” del entorno de cada río, de manera que cuando ya no queden pescadores, a nadie le interesará la vida o la riqueza piscícola de nuestros ríos, quedando libres y disponibles para actuar sobre ellos con consecuencias tan nefastas como las del río Oja.

Sin pescadores carece de sentido vigilar y velar por la pesca que habita cada curso de agua. Bastará con dejar que circule agua el día que toque hacer la foto al río de turno sin preocuparse de lo que suceda el resto del año o de la vida que albergue o pueda llegar a albergar, pues a nadie le importará.

José Luis Malvesado Seara.
Gerardo Hernando Trancho