ADECANA

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Orquestada extinción de la perdiz roja española

 

 

Autor: Miguel Angel Romero

 

Los recuerdos de mi infancia están ligados a los tabones de los ásperos barbechos castellanos corriendo detrás de las perdices con aquellas botas Chiruca que nada tienen que ver con las actuales. Botas que mi madre cosía y recosía hasta que enseñaba el dedo gordo por encima de ellas por quedárseme pequeñas. Este cuerpo martirizado por las enfermedades y abatido por los años, en su día atrapó perdices a la carrera en todas las  épocas del año. Decía, que atrapaba perdices a la carrera en puro invierno, cuanto si más pollos en verano.
Ni la escopeta, ni las capturas de las cazas tradicionales y otras propias de los ámbitos rurales menguaron jamás a las perdices.
Este cazador de perdices las ha cazado con escopeta, a reclamo, a la carrera, con cepos, con lazos y hasta por la noche, pero jamás las he disparado desde el coche. ESO NUNCA. Uno Tiene sus principios y desde luego, ahora no se puede hacer lo que se hacía antes.  Es curioso, antes hacíamos muchos lo antes escrito y había perdices para todos, ahora, no lo hace nadie y cada año menguan más las perdices.

Insisto, una vez más, en que a la perdiz roja se la está extinguiendo por la inmisericorde ausencia de hábitats adecuados. Lo que no se cultiva, se llena de monte y por ende de jabalíes, zorros y demás depredadores de perdices. Y lo que se cultiva, se hace a base de química y de un laboreo que en absoluto favorece a las perdices autóctonas. Esto es así y no lo reflejan esos planes de aprovechamiento cinegético que se han convertido en fieles aliados de las granjas y en cómplices necesarios de una agricultura tan agresiva para la tierra, como lo es para los sistemas lacustres e incluso para los ríos y los acuíferos.
Yo, criticaré y maldeciré hasta de cuerpo presente a quienes engañan a la gente diciéndola que la solución es hacer planes cinegéticos que contemplen una determinada  extracción. Planes cinegéticos sin hábitats debidamente dimensionados sustituyéndolos por refugios, comederos y bebederos en el campo para las perdices tanto autóctonas como de granja. Eso es convertir el campo en una granja al aire libre y si encima se sueltan perdices de granja con la pureza que quieran, es un atentado contra la naturaleza que debería de estar penado. Pues no todas las perdices autóctonas de España son iguales. Ni mucho menos. 
Todo el mal de la perdiz roja de España radica en los cuatro factores siguientes:

 

  1. Falta de hábitats.
  2. Perdices de granjas
  3. Ausencia de planes de aprovechamiento que denuncien los verdaderos problemas y habiliten hábitats vinculantes en todos los estamentos.
  4. Voluntad a los más altos niveles del Estado en conservar nuestro patrimonio cinegético.

El resto son quejas continuas de maulas perroflautas y milongas trapaceras para que sigan chupando del bote esos granjeros sin escrúpulos, quienes presumen de tener como invitados en sus  cacerías a las más altas jerarquías de este nuestro Ruedo Ibérico, además de nutrirles sus fincas de “aves tuneadas con apariencia externa de perdiz roja Española”. Lo enumerado y sin enumerar, son disculpas de malos pagadores para seguir haciendo estudios o planes de aprovechamiento además de otra sarta de inmoralidades para las que no se debiera de destinar ni un euro público y menos de los cazadores federados o sin federar.

Debiera de estar penado que hagan esos planes y estudios personajes vinculados a los entes de los cazadores o la  administración en general o a la política en particular. 
¡Ya está bien de confundir y de robar!