ADECANA

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Diario de un cazador herido

José Ignacio Ñudi

Director revista TROFEO

Con un poco de esfuerzo porque aún no veo bien, quiero contaros qué me ha pasado. Pero ante todo quiero agradeceros el sincero interés que todos habéis mostrado hacia mi persona.

A finales de temporada del 2010 acudí a mi coto en busca de alguna becada y me encaminé a la zona del río, también con la esperanza de ver algún pato, especies que estaban aún abiertas. Mientras estaba sentado cerca del río en medio de una paz indescriptible, comencé a ver doble y al incorporarme perdí el equilibrio y me caí. Sin duda algo me estaba pasando, de modo que con mucho esfuerzo y no pocos tropezones, pues el coche estaba lejos y cuesta arriba, llegué hasta él. Me monté y me dirigí a la casa del coto, donde sabía que se encontraban mis tíos cazando el perdigón.

De modo que uno que se volvía a Sevilla se ofreció a llevarme, como así hizo. Mi mujer me llevó a urgencias del hospital. La médica de urgencia, tras una serie de pruebas, me diagnosticó una pequeña parálisis facial pero mi esposa insistió que tenía algo neuronal. Me hicieron un Tac y vieron la hemorragia, pidiendo la médica disculpas a mi mujer. Ya sabía que era una hemorragia la culpable de mi estado, pero ¿a qué era debida? Tras una resonancia vieron que el origen estaba en un tumor benigno de origen congénito que había sangrado, de modo que me ingresaron, pero como el tumor estaba junto al tálamo ningún neurocirujano se atrevía a hurgar ahí. A mi familia, con toda la dureza, le vinieron a decir que rezase porque el tumor no volviera a sangrar, porque estaba en una zona muy complicada a la que nadie sabía acceder. Mi madre, persona inquieta y decidida, le dijo al equipo médico que estaba dispuesta a llevarme a donde fuera, de modo que un neurocirujano se sinceró y nos dijo que en Málaga existía un médico que a lo mejor se atrevía a intervenirme. Allí nos fuimos con todo el historial, las imágenes del tac y la resonancia. Éste médico miró detenidamente la resonancia y afirmó que aunque la operación era de alto riesgo, podía operarme, me recomendó que fuera a casa y cuando tuviera un hueco me operaría. También me dijo que era muy difícil que volviese a tener una hemorragia.

Aquello me alivió, pero a los pocos días, estando en casa, el tumor volvió a sangrar. Llegué a Málaga en las últimas pero no pude operarme hasta pasados unos días. Según me cuentan, entré en quirófano en muy mal estado, tanto es así que el propio neurocirujano le dijo a mi familia que fuese lo que Dios quisiera.

La operación duró menos de lo esperado y salió bien. Una vez estabilizado me pasaron a planta y en poco tiempo comencé la rehabilitación. De Málaga salí andando. En estos momentos, ya en casa, sigo recuperándome. Sigo viendo doble y mi mano izquierda no es la que era. Pero estoy vivo y esta temporada espero abatir alguna perdiz. La caza en este caso es otro de los alicientes que me animan a recuperarme del todo y en ello estoy. Esto es muy duro, doloroso y lento, a veces demasiado, pero no existen otras opciones. Sé que mis días de campo y caza me han ayudado a que mi recuperación sea positiva y aguantar todo esto con optimismo. De nuevo gracias a todos por vuestro interés