ADECANA

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OBITUARIO | RAMÓN IRUJO GONZÁLEZ-TABLAS

 

Ramón Irujo González-Tablas falleció el pasado día 7 a los 93 años de edad, después de levantar su vida sobre tres pilares: su familia, su profesión y sus aficiones de ocio.
Nació en la pamplonesa calle de San Antón, en el seno de una popular y extensa familia de quince hermanos, fruto del matrimonio entre Daniel Irujo Armendáriz, quien fue alcalde de Pamplona, y Maravillas González-Tablas. Ramón Irujo tomó el testigo de éstos y continuó la saga con seis hijos (Olga, José Ramón, María Luisa, María Victoria, Paloma y Carlos), veinte nietos y diez bisnietos. Todo, junto a Concha Beruete, a quien conoció en las fiestas de San Fermín, donde ella había acudido a conocer con su familia, y con la que se casó en 1945 en la madrileña iglesia de San Fermín de los Navarros. Han sido inseparables durante 65 años, siempre apoyándose el uno en el otro, hasta el día en el que él falleció. “Como todos los días, se levantó y, como el gran caballero que fue toda su vida, le preparó a mi madre el desayuno y se volvió a meter en la cama a descansar un rato. Pero, como sus queridas perdices, que cuando les sorprendía en las asomadas levantaban el vuelo ladera abajo, se fue plácidamente al cielo sin enterarse”, señala Carlos Irujo, uno de sus hijos.

Ramón Irujo se formó en Pamplona y en Lekaroz, para posteriormente estudiar la carrera de Medicina en Valladolid y Madrid, y especializarse en Odontología en San Sebastián. Desde el sector odontológico exponen que Irujo, cuya consulta se situó en la pamplonesa Plaza del Vínculo,  fue un activo profesional, un precursor y un exponente de una Odontología “heroica” y “honrada”. Heroica, porque no resultaba fácil desarrollar la Odontología en una España que tras la Guerra Civil carecía de materiales. Honrada, porque, tal y como afirman, “siempre ofrecía a los pacientes lo que necesitaban, no lo que él quería venderles”. Entre 1949 y 1966, Irujo alternó los cargos de tesorero, vocal y secretario en la Junta del Colegio de Odontólogos de Navarra. Ejerció como odontólogo hasta 1991, y el 9 de febrero de 1992, por Santa Apolonia,  recibió una placa como Colegiado Honorífico de Mérito.
Pamplonés y navarro de sentimiento, Ramón Irujo González-Tablas fue amante, desde temprana edad, de todo tipo de actividades al aire libre. Así, resultó un gran deportista, destacando su afición por la bicicleta, la pelota, la pesca y, especialmente, el esquí y la caza.

Fue uno de los pioneros del esquí en Navarra. Fabricó sus primeros esquís con cubas y se estrenó con las bajadas en Arre. La búsqueda de la nieve convirtió a Irujo de un habitual de Burguete, Candanchú (donde antes de que se hiciera la estación ya subía junto a su mujer desde Canfranc al Tobazo andando), Arán y los Alpes. Siempre llevaba con él a toda su familia.

Por otro lado, la caza tuvo en él a una referencia y a alguien entregado a ella. Tal fue su afición, que en la época de pasa de palomas trasladaba su consulta al hotel Burguete, en la localidad  del mismo nombre, y repartía los días durante un mes entre la caza y el servicio a los habitantes de los valles pirenaicos arreglándoles la boca.

Dentro de la caza,  sobresalió su actividad empresarial en el mundo cinegético, ya que Ramón Irujo fundó la primera empresa turístico-cinegética del país,  el Complejo Cinegético Sierra de Leyre, en Yesa, al que han acudido cazadores de toda España y gran parte de Europa durante 25 años. Famoso fue su equipo de perdigueros y pachones navarros que recogían los pichones en las tiradas. “Introdujo el faisán en nuestros bosques con una primera suelta en la sierra de Urbasa, en los años sesenta, que a muchos les pareció una quimera. Y atrajo hasta su coto de Yesa a las escopetas más exigentes del país, incluyendo las de Don Juan de Borbón, el rey Juan Carlos, Juan Abelló y otros muchos”, explica José María Irujo,  periodista y sobrino del fallecido. “En las canchas de tiro pichón de toda España, en el Tenis de Pamplona, en Gudamendi (San Sebastián)  o en Somontes (Madrid), ganó numerosos trofeos, llegando a ser campeón de Europa y subcampeón del mundo, compartió duelos inolvidables con el Conde de Teba y las mejores escopetas de la época”.  Ramón Irujo era un gran tirador. También su esposa.  Infatigable Perdiguero, cuando no había cotos se recorrió casi toda Navarra y parte de Aragón, Soria, Burgos y Palencia detrás de las perdices. El pamplonés fue distinguido en el año 2009 por Adecana con el Premio de Caza y Conservación, un galardón que se negó a recibir si no lo compartía con sus amigos.

Marcos Sanchez.

(Publicado en Diario de Navarra el día 16 de abril de 2010)