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Consejos prácticos para el inicio de temporada.

En estos momentos en los que vemos cada vez más cerca el inicio de la temporada debemos empezar a preocuparnos por que nuestros perros puedan disfrutar de su afición al máximo y para ello es esencial tanto una buena salud como una buena forma física, estado que requiere de un proceso de preparación. Nuestro colaborador y amigo Juan José García Estévez nos informa sobre consejos básicos que todos los rehaleros debemos tener en cuenta para mejorar el bienestar de nuestros perros en esta época.

El perro de caza es un atleta, y como tal requerirá un entrenamiento si pretendemos obtener unos buenos resultados durante el ejercicio cinegético. El entrenamiento bien programado, fortalece física y psíquicamente al perro, y sobre todo evita importantes patologías que incluso pueden llevarles a la muerte. Y esto siempre ocurre en los mejores ejemplares, los que más se esfuerzan.

El entrenamiento físico consiste en someter al animal a cargas de trabajo superiores a lo normal, es decir a un esfuerzo superior al que se realiza en la vida cotidiana. El entrenamiento bien hecho, programa estas cargas de trabajo de manera racional en cuanto a su intensidad, duración y frecuencia para que al organismo le dé tiempo a adaptarse lo mejor posible a esta nueva situación. De manera sencilla podemos decir que con el entrenamiento se consigue movilizar y metabolizar las diferentes reservas del organismo –como las grasas-, en favor del fortalecimiento del tejido muscular, el sistema cardio-respiratorio y la movilidad articular. Por ello, antes de iniciar la temporada de caza conviene “campear” los perros para conseguir este tono muscular. Dedicarles 45 minutos de ejercicio en libertad 3 veces por semana, desde mes y medio antes de la primera montería, sería un buen comienzo. Si poco a poco alargamos el tiempo de ejercicio, mucho mejor.

 

Los perros insuficientemente preparados para el ejercicio, están expuestos a sufrir la denominada Rabdomiólisis del Esfuerzo o enfermedad de los lunes (ya que la padecían los caballos los lunes, después de que el dueño le sometiese a un sobreesfuerzo el fin de semana). Es una patología que afecta a los músculos del animal, causada por un esfuerzo superior al que el músculo es capaz de soportar y que puede dejar secuelas importantes, incluso causando la muerte del perro. Por ello, es responsabilidad del rehalero que lleguen con un tono muscular suficiente al inicio de temporada.
Es importante recordar que, también los primeros días de caza, es cuando se producen los golpes de calor. Hay que tener en cuenta que la actividad muscular – es decir, el ejercicio - es lo que más calor genera en el organismo. Si se genera mucho calor, y la temperatura exterior es muy alta, los mecanismos de refrigeración que tiene el perro – principalmente la evaporación de agua mediante el jadeo - no son suficientes para enfriar al animal. Si la temperatura corporal pasa de los 42 ºC las proteínas que forman las células se alteran y se producen daños orgánicos. Al igual que la enfermedad de los lunes, dejan secuelas importantes, o simplemente causan la muerte del animal.

Plantear las cacerías a primera hora de la mañana, cuando todavía hace fresco, puede ser una medida prudente para evitar el golpe de calor. Pero también es muy importante tener agua disponible para que los perros beban, y además se bañen, que es lo que más les baja la temperatura. El pasado inicio de temporada – que fue extremadamente seco y caluroso - hubo fincas que pusieron barriles de agua en varios puntos de la mancha para que los perros pudiesen beber y refrescarse durante toda la montería.

Juan J. García Estévez
Veterinario.