ADECANA

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Los guardas y la caza

Ya llevamos mucho tiempo “mareando la perdiz”, y nunca mejor dicho, con los guardas y la caza.

En una sociedad opulenta disponer de muchos técnicos para cualquier menester es positivo, y además, se crean puestos de trabajo. Estupendo.  Pero no es el caso. Ahora mismo, en Navarra se está prescindiendo de cantidad de mano de obra muy necesaria. Me refiero al profesorado, al cual le han aumentado las horas lectivas y le han bajado el sueldo . Me refiero a la cantidad de profesores interinos que por esa razón están en paro y  a los que trabajan les restan del sueldo hasta de las vacaciones del alumnado. Me refiero a los médicos, a los centros de salud rurales, a las guardias, a las horas extras, a los sueldos basura, a... todo lo que les venga a la cabeza. Y ahora compárenlo con el tema que nos lleva: En plena crisis, se sacan una ley en la que se crea la figura del guarda de caza (que hasta ahora no hacía falta) al que se le dan, también por ley, unas funciones, que hasta ahora las desempeñaban gratuitamente los cazadores, y que ahora únicamente las pueden realizar ellos. Dicho de otra manera, se ha creado una necesidad innecesaria por ley se puede denunciar a los cotos por realizar tareas asignadas al guarderío, o incluso cerrarlo.

Ahora me pregunto el porqué de semejante medida. Si algo funciona bien, no lo toques, no crees más problemas que de sobras los hay. Por ejemplo, reflexionando un poco, pienso que  un guarda tiene que guardar algo, y aquí está el primer fallo. Si no hay nada que guardar, no hacen falta guardas. No hay casi caza y con los guardas no va a aumentar. Tampoco los guardas van a impedir que se echen en el campo productos químicos que son los que, mayormente, merman la caza,  ni van a impedir que las concentraciones parcelarias destrocen el “habitat” de la caza menor, ni van  a evitar que campen  a sus anchas enfermedades endémicas de la caza menor, ni nada de nada. Sin embargo, la ley que los promociona no entra a valorar estos aspectos relevantes para la supervivencia de la caza, ni los desarrolla ni los regula. Sin embargo crea el guarderío y encima no lo paga. Y ese es el segundo fallo: con el dinero de los otros cualquiera regula y hace leyes. Las sociedades de cazadores estamos con el agua al cuello: somos cada vez menos los cazadores, apenas hay relevo generacional y la vaca no puede dar más leche. Me parecería correcto que se crease el guarderío y que lo pagase la administración, de lo contrario no es de recibo. Si hay algo de caza es por el interés de los cazadores que quieren seguir cazando: si no hay caza, no habrá cazadores. Sin embargo, la administración lo único que hace es crear papeleo vacío de contenido y mirar para otro lado.

Para acabar, y esto  sí que lo entienden los políticos, tengo que recordar que  la caza en Navarra es una caza social: es el pueblo llano el que disfruta de ella, no son los señoritos en cotos de la Meseta o del sur de la península,  tampoco los políticos arribistas a los que se les pone un venado en la punta de la escopeta para que les favorezca en sus negocios. Aquí es el pueblo el que, desde tiempo inmemorial, sale al campo a disfrutar de la naturaleza en su esencia original.

Germán González Estremad
Cazador desde hace 45 años y Presidente de una sociedad de cazadores desde hace 23.