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La historia del perdigón ecológico y la RFEC

Os dejamos el editorial del mes de diciembre de Jara y Sedal, que a continuación os reproducimos con permiso de la revista, pues creemos es de gran interés

La mala educación

Israel Hernández Tabernero

Este mes llevamos a las páginas de Jara y Sedal un reportaje de esos que a nosotros nos hubiese encantado no publicar nunca y que seguro que a ustedes no les gustará leer. Pero así es el periodismo, un oficio que nunca va por donde a uno le gustaría sino por donde tiene que ir. Por complicado que sea el camino.
Me estoy refiriendo, como no podía ser de otra manera, a la historia del perdigón ecológico que la Real Federación Española de Caza ha estado desarrollando con el dinero de todos ustedes, los cazadores, durante los últimos ocho años. 

Esta investigación surgió cuando empezamos a sospechar que Andrés Gutiérrez Lara podría haber estado ‘hablando’ de prohibir el plomo con el anterior Gobierno. Sospecha basada en las declaraciones que el propio presidente de la RFEC realizó a una agencia de noticias generalista y que desde esta revista tratamos de contrastar. Sin éxito. Porque esa es otra, y hoy me apetece hablar claro: a la tradicional discriminación informativa que sufrimos todos los medios especializados no bendecidos por la RFEC se sumaba un especial interés por mantenernos alejados del asunto, dándonos largas y diciéndonos que ya se nos informaría. Que todo a su momento. Que nos estuviésemos quietecitos. 

Pero este equipo no es de estarse quietecito. En primer lugar porque todos los meses tenemos una cita con medio millón de lectores en los kioscos de toda España. En segundo lugar porque a esa cita nos gusta acudir cargados de información que de verdad les interese —lo de convertir el agility en modalidad federativa lo dejamos para otro día—. Y tercero y más importante: porque esos 500.000 cazadores nos pagan para que seamos sus ojos, sus oídos y su boca allí donde ellos no pueden llegar. Que velemos por sus intereses. Simplemente, que hagamos nuestro trabajo. Por estos tres motivos decidimos investigar a fondo un asunto que nos ha sorprendido desagradablemente y que nos ha empujado a desarrollar un trabajo casi de novela policíaca, realizado, eso sí, con el mayor denuedo periodístico y la mayor rigurosidad posible. 

Por eso les advierto que no se adelanten en juzgarnos si echan en falta las declaraciones del presidente de la Federación. No piensen que no hemos intentado contrastar nuestras informaciones con su versión. Lo hemos hecho, pero él se ha negado a responder argumentando que no le hemos realizado las preguntas con la suficiente educación y que ése era sobrado motivo para no rendir cuentas ante el medio millón de cazadores federados que representa y el otro medio de no federados que dice representar. Si preguntar dónde ha ido a parar el —casi— millón de euros que ustedes, los cazadores y asegurados de Mutuasport, han invertido tal vez sin saberlo en este proyecto es de mala educación, lo reconocemos: somos maleducados. Si ejercer nuestro trabajo como medio de comunicación libre que ejerce la libertad de prensa en un país libre y democrático realizando preguntas al representante de un colectivo millonario de personas, que recibe dinero público, es de mala educación, reconocemos nuestra culpa. 

Pero al margen de nuestra fea costumbre de contrastar la información, déjennos hacer una reflexión. La RFEC no se puede permitir el lujo de no responder a este tipo de preguntas por muchos motivos. El primero de ellos es porque al no hacerlo consigue que la sombra de la duda se proyecte sobre ella, y eso algo que nos entristece, porque este prestigioso y longevo organismo no se merece que nadie lo ponga en tela de juicio, no puede conceder el más mínimo resquicio de sospecha. En segundo lugar porque el estamento federativo está repleto de excelentes profesionales que, a pesar de no dar la cara, lo engranan, sostienen y mueven con una profesionalidad intachable que desde aquí reconocemos y aplaudimos. Y en tercer lugar porque los cientos de miles de cazadores que le dan la vida deben saber qué se hace en su nombre y con su dinero en todo momento. Porque la RFEC no es y nunca será el cortijo de nadie. Como ven, no es cuestión de educación sino de respeto. Respeto a uno mismo, al puesto que ocupa, al organismo que representa y, especialmente, al millón de cazadores que le da de comer.

Editorial publicado en el número de diciembre de 2011