ADECANA

  • Aumentar el tamaño de la letra
  • Tamaño de letra predeterminado
  • Reducir el tamaño de la letra

Recechos: cómo ponerse en forma

Aunque parece que la actualidad venatoria se encuentra presidida únicamente por el arranque de la temporada montera, no podemos olvidar que, ya mismo, los recechos otoñales también acaparan su cuota de relevancia cinegética.

Entre los tantos problemas que afronta el cazador de rececho, y que limitan seriamente su actividad, la fatiga muscular es uno de los recurrentes. Junto con el temor a la desorientación y los problemas de supervivencia (hambre y necesidad de encontrar un  refugio), la fatiga muscular constituye el grupo de escollos que con mayor frecuencia impiden al cazador internarse profundamente en el territorio en busca de su presa. El problema de la orientación y reconocimiento ha sido tratado en una serie de capítulos por separado (navegación terrestre, scouting, etc.), por lo que sólo nos resta aquí tratar la fatiga y el tratamiento de la hipotermia.
Cazar un trofeo en llanura impone, entre otras cosas, estar preparado físicamente para hacerlo. Si deseamos repetir la hazaña, pero a 2.000 metros sobre el nivel del mar, tendremos que comenzar por aceptar que debemos prepararnos físicamente para desafiar a un animal adaptado a las alturas, mejor provisto que nosotros para moverse en ese tipo de territorio y para el cual ascender 500 metros por un bocadito que le apetece es un mero paseo por el parque, mientras que para los humanos un mísero ascenso de cincuenta metros a quince grados de inclinación significa un gasto considerable de energía.
Una de las claves del recechista exitoso es la de poder movilizarse a su antojo para tener acceso a aquellos lugares más favorables para su actividad. Estos sitios, por lo general apartados de los senderos para vehículos, presentan escollos físicos, como el ascenso y descenso de colinas o las largas caminatas en terrenos llanos, que terminan convirtiéndose en factores excluyentes. Más aún, el cansancio suele ser el responsable de la falta de aprovechamiento completo del animal abatido, ya que no pocos cazadores se limitan a coger aquella parte del animal considerada como trofeo, dejando el resto para el beneficio de las alimañas, lo que constituye en el mundo actual un real sacrilegio.
Con la moderna tecnología existente, el confort térmico y la navegación ya no son un problema de difícil solución, aunque la misma sea costosa. La nueva ropa de abrigo, un GPS y un teléfono celular se compran en cualquier tienda, aunque los dos últimos funcionan con baterías, las cuales limitan su utilidad en las emergencias prolongadas y el GPS requiere de un cierto aprendizaje. No ocurre lo mismo con la fatiga, la cual puede ser prevenida hasta un cierto punto, pero no gracias a los avances tecnológicos de que gozamos, sino por el antiguo y bien conocido método del esfuerzo y la voluntad.

Causas de fatiga muscular

Si bien la fatiga muscular es una sola y la causa que la genera es siempre la misma, la falta de oxígeno a nivel celular podríamos dividirla según su origen en dos grupos. La que se produce a alturas sobre el nivel del mar superiores a las que estamos acostumbrados a vivir y transitar, y la fatiga por falta de entrenamiento. Por lo general, el cazador sedentario proveniente de tierras bajas al escalar es afectado por ambas, particularmente cuando se sube por encima de los 2.000 metros.
En el primer caso de fatiga, fatiga por altura, denominada “mal de la montaña”, el mecanismo de acción está dado por la disminución de la concentración de oxígeno en el aire inspirado. En el segundo caso, el cansancio está dado por la simple falta de trainning. En ambas oportunidades la base fisiológica es la misma; disminución del aporte de oxígeno a los tejidos, aunque durante el cansancio por falta de entrenamiento se agrega un nuevo factor: el dolor, producido por la acumulación de residuos como el ácido láctico proveniente de la combustión muscular. 
Entender los mecanismos del primer grupo (fatiga por altura) es importante para aquéllos que se dirigen a la montaña desde regiones más bajas y que en lapsos muy cortos de tiempo ascienden, por aire o por carretera, con muy poco tiempo disponible para la adaptación del organismo, provocando así alteraciones respiratorias. En este caso la actividad física puede verse severamente limitada o simplemente impedida, pudiendo en otras ocasiones tener consecuencias fatales.
Por su lado, la fatiga y el dolor muscular por falta de entrenamiento son el producto de exponernos a un trabajo para el cual nuestro organismo no está preparado por falta de masa muscular, por el uso de determinados grupos de músculos y la ausencia de una función circulatoria adecuada. En esos casos el dolor aparece como una llamada de atención para el usuario, indicándole que se está esforzando indebidamente el cuerpo.
El entrenamiento físico prepara al organismo para las exigencias a que lo sometemos mediante el aumento de la masa muscular, permitiendo que territorios de vasos sanguíneos que normalmente no se utilizan se tornen permeables a la circulación durante el ejercicio y aumentando la oxigenación del músculo al mismo tiempo que favorecen la remoción de los productos de la combustión. Por otro lado, fortalece la contracción cardiaca, produciendo un mayor volumen de sangre por latido, pero sin aumentar la frecuencia de bombeo. Todo esto favorece un mejor aporte de oxígeno a los tejidos por unidad de tiempo y un mejor ‘barrido’ de los desechos metabólicos.

El entrenamiento

La primera de estas medidas preventivas para evitar la fatiga es tratar de adaptar nuestro organismo de antemano a la situación a la cual nos expondremos durante la cacería. Esto es: largas caminatas en terrenos en pendiente, escalando y descendiendo por los mismos, al tiempo que cargamos un sobrepeso de aproximadamente veinte kilogramos entre ropa y equipo.
Este sobrepeso está normalmente compuesto por la vestimenta que empleamos en nuestras salidas, más el equipo, incluyendo dentro del mismo munición, arma y agua, que iremos agregando de forma paulatina durante el entrenamiento. No es necesario, ni conveniente, comenzar la práctica sobrecargándonos al máximo posible. La idea es la de acostumbrarnos de manera progresiva a estas condiciones, al tiempo que cambiamos la grasa corporal por masa muscular y fortalecemos la función cardiaca
El fondo físico se adquiere a través del ejercicio y una dieta adecuada. El ejercicio consiste en caminatas diarias a paso rápido (aunque durante la cacería será lo contrario) no menores a una hora. Las mismas deberán ser llevadas a cabo, dentro de lo posible, con la misma ropa y calzado que utilizaremos durante la cacería, y una mochila a la cual le iremos agregando peso gradualmente.
El entrenamiento comienza de forma gradual en lo referente a distancias, pesos y duración del mismo. Estas salidas se pueden aprovechar para corregir cualquier defecto en el equipo y modificar lo que sea necesario, y también para explorar alguna zona de caza desconocida por nosotros. En este caso se está cumpliendo una triple función: entrenar nuestro cuerpo, probar el equipo y hacer la exploración de un área para nosotros desconocida.
Durante estas sesiones de entrenamiento es conveniente llevar una cantimplora con agua y beber de la misma de manera regular, hasta que se convierta en un hábito, ya que en la montaña lo ideal es beber entre cuatro y cinco litros de agua por día como mínimo. 
En cuanto a la forma de determinar el peso corporal adecuado a alcanzar, una regla práctica consiste restarle a nuestra estatura, tomada en centímetros, el número cien. La cifra resultante indica el peso ideal aproximado. Por ejemplo, para una estatura de 175 centímetros, si se le resta 100 se obtiene el número 75, que representa en kilogramos el peso corporal adecuado.
Todo esto nos dará un mejor estado físico, que si bien como compensación contra la fatiga por enrarecimiento del aire no es lo ideal, nos ayudará. Recuerde que la corrección absoluta para la hipoxia por altura sólo estará completa cuando el organismo cuente con la cantidad necesaria de glóbulos rojos, denominada poliglobulia compensadora, y que eso tarda en producirse aproximadamente quince días viviendo en un ambiente enrarecido, lo cual raramente ocurre porque el cazador no dispone de esa cantidad de tiempo para completar su cacería.
Durante las cacerías a pie en terrenos montañosos, la exigencia y desgaste físico son comparables a las sufridas en el montañismo. Además de esto, por lo general, el cazador se encuentra mal dormido y comido durante largas jornadas, lo cual también terminará incidiendo en la performance, razón por la cual se debe tomar cuanto recaudo sea posible a fin de minimizar los efectos adversos y salir airoso en la prueba.

Moverse lentamente

¿Qué hacer, además del entrenamiento previo, para combatir la fatiga muscular? Básicamente la repuesta está dada por un trío que consiste en mantenerse hidratado, con un buen nivel de glucosa (combustible) en sangre y moverse lentamente. Esto último evita la acumulación de residuos metabólicos que producen el dolor muscular, al mismo tiempo que nos permite ver más y evitar que seamos detectados por nuestros movimientos bruscos. Al mismo tiempo, la ingestión de cualquier líquido azucarado, frutas o barras de supervivencia aumentará el tenor de glucosa en sangre y nos mantendrá correctamente hidratados (líquidos y frutas).
Si se persiste en moverse rápidamente en cualquier tipo de terreno, sólo logrará mantener un consumo elevado de oxígeno, el cual en un organismo fuera de entrenamiento y no adaptado fisiológicamente para las alturas llevará a aumentar la frecuencia respiratoria como mecanismo de compensación. Esto trae aparejado un consiguiente aumento del consumo de oxígeno por incremento del trabajo muscular  inspiratorio. Finalmente todo se convierte en un círculo vicioso, el cual lleva indefectiblemente a la suspensión de la actividad física, haciendo que simplemente se pierda el interés por la actividad y pasando por una experiencia desagradable.
Los grupos de músculos que se verán más exigidos durante el ascenso son fundamentalmente los del plano muscular anterior de los miembros inferiores. A la inversa ocurre durante el descenso. Estos músculos pueden ejercitarse mediante el sencillo proceso de subir y bajar escaleras o en cualquier gimnasio con las máquinas adecuadas. Pero en general, todos los músculos del cuerpo entrarán en acción en algún momento, por lo que no es conveniente descuidar su ejercicio.
Entre una de las formas de prevención del cansancio y la frustración que ello produce está el pensar, antes de apretar el gatillo, cómo llegaremos hasta el trofeo, y más importante aún, cómo lo sacaremos del lugar donde caiga, en particular de una zona como la previamente descrita o en montañas. En ocasiones es conveniente esperar unos minutos más y dejar que la presa haga parte de ese camino por sí misma, aliviando nuestra tarea.


(Texto: Daniel Stilmann. Fotos: Alberto Aníbal-Álvarez y Archivo).