ADECANA

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El gato doméstico es uno de los depredadores que más daño hacen a la biodiversidad española

Escrito sea sin ambigüedades: en las cercanías de los pueblos o en los lugares donde se establezca un gato, solo o en compaña, el citado felino se convierte en uno los enemigos mayores de la caza menor. Pero nadie lo tiene en cuenta para nada, a no ser para hacer versos u odas.

 

 

Me estoy refiriendo a gatos sin dueño (cimarrones) o a los gatos con dueño, pero no controlados por éste. Te pillan con un perro suelto por el campo y multita al canto, pero ven a los gatos cazar a dos kilómetros de la casa de su dueño, y nadie dice ni hace nada por no poder identificarlo. Ya sé que se les pueden poner microchips, pero entonces: ¿quién les pasaría los lectores a los gatos? Hombre, no es cosa de ponerles collares fluorescentes con radiotransmisores como a los linces de Doñana. Yo quiero mucho a los gatos como para que se mueran de hambre tal y como les ocurrió a varios de sus primos, los linces de Doñana.

Los gatos domésticos (Felis silvestris catus), son tan dañinos para la biodiversidad que están incluidos en la lista de las 100 especies exóticas invasoras más dañinas del mundo. Pero por estos lares, todavía los mayores tenemos in mente a Micifuz y Zapirón, y los adulterados urbanitas, a Garfield. Literatura aparte, estamos ante un depredador todoterreno que no sólo come ratones, qué va. El gato caza más y mejor que cualquier especie canina del mundo. Y, además de cazar en el suelo, también lo hace por los tejados y en los árboles. Sólo le falta volar, pero hasta en el Piyayo se cantan sus tremendos saltos que utiliza para cazar o para huir.

El gato se lleva a los pollos de los nidos y hasta a sus progenitores si les pilla engüerando o descuidados. Pues el gato observa desde los tejados o los árboles y va a tiro hecho. Es más, sabe cazar sin hacer ruido y acechar sin ser visto. Su aproximación a la especie a depredar es digna de encomio si lo pudiera soportar el medio pero, lamentablemente, no puede. Tanto las codornices, como las perdices, o gorriones y totovías, no sobran. No seré yo el único que les haya visto matar pichones de palomas y hasta gazapos de liebre y aves de corral.

En mi remota juventud, gato que se picaba al corral, gato que había que darle mortucheli, pues se les tenía para cazar ratones. Ratones que en ocasiones te los dejaban en el quicio de la puerta como un regalo, cosa que había que valorarlo en su justa medida y agradecérselo debidamente, pues el gato es muy susceptible y por mucho que le tengamos en casa con todo lujo, jamás dejará de ser lo que es. Ese es uno de sus grandes atractivos.

El sistemático abandono del Mundo Rural, propiciado por una inmisericorde política de acoso y derribo, está dejando caserones y demás edificios de nuestro Solarón Patrio en un abandono total, lo que les proporciona un excelente cobijo donde no son molestados, pues de todos son sabidos sus hábitos, tanto diurnos como nocturnos, pero cuando se asalvajan, se hacen más nocturnos y se cruzan tanto, que el gato montés o de campo ha perecido —prácticamente— entre mixturaciones no guiadas ni planificados por nadie.

 

 

El gato siempre ha tendido a establecer dominios propios, motivo éste por el que muchas veces, si había más de un gato en casa y alguno era peleón, no le dolían prendas al vencido en marcharse de casa y establecerse en paneras, bodegas y similares. Ojo, que en ocasiones establecían y establecen grupos jerarquizados que se llevan de maravilla. Recuerdo que en mi niñez, allá en Fuente Andrino (Palencia), cuando llegaban las nevadas, a los gatos sin dueño se les cazaba en las bodegas, paneras, casetas de las eras y demás refugios donde sabíamos que se refugiaban. Entonces toda edificación de auxilio agrario o ganadero tenía su gatera para que entraran los gatos propios o ajenos a comerse los ratones. Lo malo era que alguno se asalvajaba y se quedaba a vivir de forma autónoma y descontrolada. Los cazábamos por dos motivos. Uno, porque se comían los pichones de las palomas díscolas que no anidaban en los palomares. Dos, porque en caso de hambruna, no dudaban en meterse en los corrales ajenos, si bien es cierto que el gato de casa les hacía frente, cuando estaba atento, claro. Ah, los gatos que se capturaban se comían después de tenerlos dos días al sereno y a muchos les dieron gato por liebre.


EL GRAVE PROBLEMA

Miren ustedes, mis cuantiosas esperas al jabalí me han hecho ser testigo de un mundo nocturno que, por regla general, es ignorado tanto por propios como por extraños. Yo he visto cazando a gatos a varios kilómetros del pueblo más cercano, y… los he visto portando codornices (para sus crías) como lo haría el mejor perro cazallo.

Alertado por mis vivencias, he: consultado, fotografiado, indagado, etc. etc. y me he dado cuenta del desinterés de todos quienes tenían que velar por la biodiversidad, y no sólo por las especies venatorias. Es más, sin quitar méritos a nadie, digo que ya está bien de que se catalice la depredación en zorros, cuervos y urracas. Eso es lo más fácil. Con los gatos les quiero ver yo a esos que organizando cotos sin dejar pelos en la gatera, se llenan los bolsillos a costa ajena y no hacen nada de fundamento.


EL CONTROL DEL GATO EN ESPAÑA

  • No hay control de la cabaña canina, cuanto si más de la felina.
  • No seré yo quien diga de declararle especie cinegética, pues eso me acarrearía disgustos propiciados por quienes llenan su vacío existencial dándoles de comer a hurtadillas en los edificios patrios. Además, tengo in mente lo que ocurrió en Wisconsin (EE.UU.) y no quiero ver a ecolojetas merodeando por mi casa.
  • La Administración tiene sus recursos para esto. Al lobo, cuando lo matan no cinegéticamente, lo llaman: CONTROL… (Qué jeta).

Que yo sepa, no hay otro control felino que los muchos que perecen en las carreteras víctimas de los coches. O sea: lo mismo que cantidad de especies cinegéticas y no cinegéticas. Muy listos para unas cosas, pero muy tontorrones para otras.

 

 

Hombre, en los sótanos de los edificios nobles de las ciudades y entre la maraña de los bojes que los circundan, siempre se cogen gatos que se inhabilitan para criar mediante esterilización y luego se vuelven a soltar, pero prácticamente es imposible recoger a todos. En las ciudades no se andan con remilgos. De la noche a la mañana, les envenenan y a otra cosa.

He visto con mis propios ojos y veo muy a menudo, delante de mi casa, un edificio oficial al que acuden señoras y señores ¿proteccionistas? con comida para los gatos. Comida que, en ocasiones, comparten con las ratas. Es curioso, defeca un perro con descomposición en la calle y multita al canto, pero se echa comida que puede terminar pudriéndose o alimentado a una cabaña excesiva de gatos, y no pasa nada. Así nos va en todo.


NOTA FINAL

He leído cómo, a bombo y platillo, el MARM aprueba las directrices básicas para el control de predadores en toda España, y aun sin estar publicado en el BOE y no siendo vinculante el día de mañana, veo muchas lagunas. Me estoy refiriendo a las directrices de aplicación en la Ley 42/2007. Veo, eso sí, el respaldo oficial a los matabichos profesionales. No son fáciles de solucionar ciertos problemas muy sensibles, pero ignorarlos es de cobardes e ineficaces. Ya sé, ya sé que… entre líneas… y en algunas autonomías… se puede proceder de forma más o menos efectiva siempre y cuando la medida no reste votos y se haga a la chita callando, o a cencerro tapado.

¿Quien le pone el cascabel al gato?

 

AUTOR: MIGUEL ANGEL ROMERO.